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Episodio 9x20: ’El corazón siempre te hace volver”.


[ Chicago, Illinois – 20 Febrero, 2017 – 19.OO ]
Hace unos días que había estado coordinando con Nicole un viaje a Las Vegas, el cual suponía que empezaría aquel día, pero debido a un descuido, el chico había olvidado dejar hechos los informes del día viernes, por lo que  tuvo que posponer el viaje por un día más. En diferentes condiciones, Dean hubiera hecho caso omiso del papeleo, pero debido a los nuevos acuerdos que habían hecho en el Centro de Chicago, debía cumplir con las responsabilidades que había prometido cumplir para continuar con la protección que habían solicitado en el lugar.
Había salido temprano junto a la chica, ya que también aprovechó de trabajar, por lo que la pasó a dejar al trabajo. El día había pasado rápido, y gracias a que siempre se mantenían en contacto por chat, el chico sabía que ya estaba por terminar su turno, y aprovechando de que ya había terminado el suyo, condujo hasta el distrito donde trabajaba la chica junto a su hermano. No quiso distraerla de su trabajo, por lo que se mantuvo estacionado a unos metros, y cuando notó que ya faltaba poco para que saliera, se bajó del auto para mantenerse apoyado en el capó, de esa forma la chica lo vería una vez que saliera de su trabajo.
Nicole por su parte, había aprovechado que el viaje se había retrasado para cumplir más horas en el trabaji. De todas maneras, sin haberle mencionado ese detalle, también estaba atrasada con algunos cierre de casos que le estaban presionando al llegar la fecha estipulada para dejarlos en bodega.
El día había transcurrido con normalidad, hacía más frío que otras tardes pero, siempre le acompañaba sus tazas de café para mantener el calor corporal y estar activa, para cualquier cosa que sucediese.
Cuando supo que su novio había llegado, sacó su chaqueta de la silla, tomó las llaves de la casa y comenzó a despedirse de cada uno de sus compañeros del grupo; terminó marcando su salida y apenas salió del trabajo, buscó con la mirada al auto, que era muy fácil de reconocer a la distancia.
Apenas reconoció al auto y al chico que esperaba fuera, se acercó sonriendo y sin preocuparse de nada lo abrazó por su abdomen y le dio un largo beso en sus labios.
— Siento la demora, — Se excusó de inmediato, no era de las que hacía esperar y menos sabiendo que también había trabajado todo el día.
Se mantuvo varios minutos apoyado en el capó de su auto, pero no le molestaba para nada. Durante el tiempo que estuvo esperando, aprovechó de revisar su correo y contestar algunos mensajes que había dejado pendiente con sus hermanos debido a lo ocupado que había estado durante el día. Elevó la mirada, como lo había estado haciendo cada cierto rato, y al ver que la chica venía saliendo del distrito, guardó su celular y se incorporó para recibirla con una sonrisa y cuando lo besó, le respondió de la misma forma, posicionando sus manos en la cintura de ella.
-No te preocupes, - le respondió con calma, al momento que pasaba por su lado y se dirigía a abrir la puerta del copiloto para que subiera. Una vez que lo hizo, cerró la puerta con cuidado y caminó hasta el otro lado para subirse a conducir.  La casa de la chica, que ahora ambos compartían, se encontraba a una distancia considerable del distrito, por lo que les tomaría varios minutos llegar a destino. - ¿Cómo estuvo el día? – preguntó como siempre lo hacía cada vez que ella terminaba de trabajar, sin perder la vista del camino, ya que aquel día había llovido, por lo que el suelo se encontraba resbaladizo.
El viaje no se hizo tan largo debido a que iban conversando. Cuando llegaron, dejó el auto estacionado fuera de la casa y ambos bajaron para ingresar rápidamente, ya que el frío se hacía un poco intolerable afuera. – Los niños no están en casa – mencionó enseguida cerró la puerta de entrada, ya que sabía que ir a la pieza de ellos sería lo primero que haría. – Me tomé la libertad de darle la tarde libre a la niñera, y le pedí a Emily que los cuidara. – Añadió rápidamente, ya que no quería preocuparla- Así que, pasarán la noche con ella. Incluso James se debe estar llevando una sorpresa en estos momentos. – dijo con gracia mientras miraba su reloj, ya que seguramente el chico debe haber llegado a su casa ya.-  Emily los traerá mañana a primera hora. Así que podemos aprovechar para conversar de algo – dijo apoyado en la muralla, aún en el pasillo, mientras se encogía levemente de hombros, dándole la opción de conversar o no. Todo dependía de ella.
En el camino, Nicole aprovechaba de comentarle de todos los detalles de su día, específicamente de algunos casos que había revisado y que su novio sabía muy bien, ya que era mucho mejor en esos temas que ella y era una de las tantas cosas que tenía en común.
Cuando escuchaba sus comentarios, la chica le miraba embobada, no sólo porque le encantaba lo que decía, su tono de voz y la forma en cómo la hacía sentir, sino porque siempre era muy caballero con ella.
Apenas entró a la casa, la notó ordenada y sin ningún ruido, lo que le causo extrañeza pero no se preocupó. Tomo la mano del chico y besó sus nudillos cariñosamente cuando avanzaban hacia la habitación de ambos.
Alzó sus cejas al escuchar que estaban con Emily, no con molestia sino todo lo contrario.
— No pidas permiso, mis hijos te adoran, me encanta que pienses en ellos también y que tomes decisiones — Le decía con su voz muy suave y cariñosa. Tomó las mantas de ambos pequeños y fue ordenando los pequeños detalles.
Se quedó estática cuando mencionó lo de conversar.
— Claro, Dean, ¿Que ha pasado? — Soltó con un poco de preocupación que no pudo ocultar en su rostro y se sentó en el borde de la cama confusa.
Sintió alivio cuando le respondió que no había problema por la decisión que había tomado sobre los niños, ya que si bien sabía que no se enojaría, una parte de él no podía evitar sentir nervios, especialmente porque se trataba de la primera vez que hacía algo que los involucrara.
-Ya lo tendré presente, entonces – le respondió más calmado y asintió mientras caminaban a la habitación. Alzó un poco sus cejas, ya que sabía que la reacción de la chica cambiaría por completo, sobretodo porque el chico no era de ‘solicitar’ conversaciones. Al contrario, siempre se complicaban al hablar seriamente por los problemas de comunicación que él tenía.
Aun así, quiso utilizar aquello a su favor esta vez. – Vamos a la cocina, ¿si? Porque conversaremos bastante y ninguno de los dos ha comido algo, así que aprovechemos. – dijo con calma mientras se sacaba la chaqueta, ya que había entrado en calor por lo que sólo se quedó con la polera y camisa. La dejó doblada a los pies de la cama y luego que la chica se sacara el abrigo, le tendió la mano para que tomara la suya. Caminaron por el pasillo hasta llegar al living, que se encontraba en el mismo especio que la cocina. Prendió la luz y dejó ver cómo la mesa estaba arreglada para dos personas.  – No podía dejar velas encendidas mientras te iba a buscar, así que mejor utilicé unas que tuvieran luz. Más seguro – comentó como si aquella acción fuera completamente normal. No le dio mucho tiempo para reaccionar a la chica, ya que la llevó hasta el espacio donde estaba arreglado para la cena y le ayudó con la silla para que se sentara.
Caminó hasta el horno, que ya estaba apagado, pero que aún mantenía la temperatura y lo abrió para sacar dos platos listos y los llevó hasta la mesa. – No tenía que trabajar hoy, así que como tenía que conversar contigo le pedí ayuda a Emily para armar todo esto y que no se me quemara la comida en el intento. – Se explicó para borrar la cara de confusión en la chica. Mientras le daba tiempo para procesar todo, tomó la botella de vino que había dejado y sirvió en las dos copas que tenía a su lado. Sabía que aún no tocaba el tema, pero prefería darle unos minutos ya que no quería que todo aquello le cayera de sorpresa en sorpresa y la terminara abrumando.
Sus ojos se abrieron sin poder ocultar su sorpresa y se odio por aquello.
— Dean, ¿Algo pasó? — Solo esas palabras salieron de su boca y sólo se limitó a asentir con su cabeza. Se quitó el abrigo grueso que traía encima y se arregló un poco el cabello porque a esa hora bastante desordenado lo tenía.
Cuando tomó su mano pudo relajarse un poco, ya que si estaba molesto no haría eso y pudo sonreír ante los pensamientos que invadían su cabeza. Eran miles.
Levanto una de sus cejas al ver todo arreglado y su boca se abrió sorprendida. Negaba con su cabeza al darse cuenta que ninguna fecha le coincidía con algo importante. No entendía mucho y la curiosidad se le notaba en su rostro.
Se sentó en su silla y sonrió, de manera torpe al ver los dos platos y lo que comentaba.
— ¡Demonios! Emily sabía y no me dijo — Murmuraba riéndose y se tapaba el rostro un poco avergonzada.  Miró al chico y se mordió su labio, esperando.
Ladeó un poco su rostro y se encogió de hombros con gracia. – Sí, tenía que pedir ayuda a quien no me delatara. Y si le pedía a James, te ibas a dar cuenta. No sabe guardar por mucho rato los secretos. – bromeó, ya que conocía a su hermano lo suficiente para saber que había hecho bien en elegir a otra persona que le ayudara. – Bueno, te diría que comamos primero, pero te conozco tan bien que sé que no tocarás tu comida mientras no salgas de la duda de por qué estoy haciendo todo esto, así que… - dijo mientras se levantaba de su puesto sin terminar la frase y se dirigía a uno de los muebles, de donde sacó una bolsa de regalo.
Volvió a los segundos a su silla y sin hacerla esperar, la abrió para sacar de ella dos cajas con las figuras de ellos. Sabía que le causaría gracia aquel gesto, ya que hace sólo unos días habían estado hablando de aquellas figuras y la chica le había comentado las ganas que tenia de tener la figura. – Te dije que iba a encontrar tu figura, aunque sea de hace años atrás. – le bromeó mientras ella recibía las cajas. No dijo nada por varios minutos, ya que sólo se dedicaba a observar como las cajas para ver las figuras. Había previsto que la primera caja que abriría sería la figura de él, por lo que esperó a que abriera la de ella y prestó más atención.
-¿Y sólo viene eso? – preguntó con un tono normal, ya que si había algo que siempre le salía bien era controlar sus reacciones, por lo que aquella pregunta parecería normal.  Tomó la caja y miró al fondo de ella, alzando ambas cejas. – Ah sí, mira esto – le dijo pasándole la caja para que viera. Dentro de la caja, había dejado una caja más pequeña.
- Me has dicho un par de veces que siempre dejo algunos temas a medias o que mis intenciones  son a media, - comenzó a decir, tratando de mantenerse lo más tranquilo posible. – Así que pensé que es hora de que no quedes a media y que mis intenciones sean completas. – dijo mientras extendía su mano para tomar la caja que la chica tenía.- Sé que puede parecer súper apresurado, sobretodo considerando que llevamos un par de meses y que quizás hay muchas cosas que no conocemos sobre el otro. – hizo una pausa y bajó la mirada unos segundos a la caja que mantenía en su mano-  Pero no necesito tener un año o dos o diez de relación para saber que tú eres la persona con la que quiero despertar cada día. Lo pensé hace diez años atrás, y cada año que fue pasando me fue dando la razón. No hay nadie como tú. Y si lo hay, no quiero estar con esa persona. Quiero estar contigo, y como digo, sé que es apresurado, y  si crees que no es el momento o no estás lista, puedes decir no. Prometo que nada cambiará. – dijo calmadamente mientras la miraba y sonrió de lado. Se quedó en silencio un segundo y sin esperar más movió su silla para poder pararse y acercarse a su silla, donde se arrodilló al momento que abría la caja, dejando ver un anillo. – Nicole Anna Roberts, ¿te casarías conmigo? – dijo finalmente. Sabía que le había tramitado el tema por mucho rato, y si bien no lo parecía, había sentido los nervios en cada momento, por lo que estaba aliviado de por fin haber dicho aquellas palabras.
Apenas podía moverse de la mesa con la situación y pensar en tomar algún servicio para ella era algo imposible. Necesitaba saber el real motivo para apagar su cerebro. Uno de sus grandes defectos era la ansiedad que generaba cuando no entendía todo lo que pasaba a su alrededor.
— Podría comer, pero me tienes nerviosa y … — Murmuró alzando sus ojos para mirar los del chico. — Nadie me pone así como tú y no sé como actuar para no espantarte — Admitió con una leve risita que escapaba sin poderlo evitar.
Miró cada acción que hacía y aprovechó de beber un poco del vino, algo que realmente le ayudaría para relajarse. Miró las cajas que ponía sobre la mesa y apunto a cada una de ellas entendiendo todo el asunto.
— ¡Los compraste! — Exclamó con sus ojos abiertos y muy divertida, le encantaba tenerlos y especialmente ambos porque sin duda los dejaría en su mueble juntos y sin separarlos.
— Me encanta, tú y yo de porrista, me recuerda cuando éramos unos niños — Comentaba animosa y los miraba como una niña pequeña que le daban su regalo favorito.
— Gracias, amor. Estoy sin palabras — Continuaba, intentando no interrumpirlo por nada del mundo. Así que se dedicó a sacar las figuras y observar sus detalles.
— ¿Cómo? — Preguntó sin entender a que iba. Miró hacia el interior de la caja y observó la pequeña dentro, aquello hizo que no pudiera entender de que iba el asunto.
— Dean… — Articuló apenas, no era seguro que era pero el tamaño le hacía creer que era un anillo pero tampoco quería confirmar algo que podría no ser cierto. Lo tenía en sus manos y negaba, escuchando con detención a lo que iba diciendo.
— No es a medias, sabes a que iba — Le corrigió extendiendo la palma de su mano con la cajita encima y el chico la tomó.
Sus ojos brillaban e intentaba no llorar porque deseaba no arruinarlo. Estaba tan sorprendida que sus palabras le llegaban a su corazón de tal manera que necesito afirmarse el pecho de lo emocionada que estaba.
Cuando se arrodillo su ritmo cardiaco se disparó, de tal manera que sentía que moriría.
— Si, claro que si — Soltó centésimas de segundos después, sin dudar y sin esperar a que se arrepintiera. Tomó sus mejillas y se acercó para besar sus labios, de manera tierna y lleno de amor.
Sabía que todo lo que había dicho hace unos segundos lo hizo muy rápido, pero sabía que si no lo hacía de esa forma se iba a comenzar a trabar por no poder encontrar las palabras o por pensar demasiado en lo que podía pasar, por lo que no iba apresurar en tener alguna respuesta, ya que la situación podía ser abrumadora y la chica podía necesitar unos minutos para asimilar todo.
Había tratado de prepararse para ambas respuestas, ya que si la respuesta era negativa, no quería que se notara en su rostro algún tipo de decepción, especialmente porque le había prometido que todo seguiría igual. E incluso fue la respuesta que más se preparó, por lo que enseguida escuchó su respuesta, no pudo evitar sorprenderse. - ¿Si? – soltó entre una risa nerviosa, la cual fue interrumpida con el beso, el cual respondió de la misma forma.
Cuando se separó, bajó su mirada al anillo y lo sacó con cuidado de la caja para así tomar la mano izquierda de la chica y poner el anillo en su dedo anular. – Siento haberte dejado a medias tantas veces, pero si me ponía a hablar en serio, te ibas a dar cuenta de lo que iba hacer y la idea era sorprenderte. – dijo amablemente mientras se reincorporaba y se inclinaba para volver a besarla por unos segundos más. – Ahora es para siempre. – susurró se separó unos centímetros, dándole a entender que luego de tantos años, ahora tenían una oportunidad para ellos. Una estable y sin obstáculos externos.
— No, no me pidas perdón — Murmuraba intentando que sus palabras sonaran convincentes, porque así se sentía pero por su nerviosismo se podía interpretar de una manera muy diferente.
— No me lo veía venir — Susurro sobre sus labios y dejo otro beso largo, lleno de amor en su boca. — Aún no me lo creo — Respondió intentando limpiar sus lágrimas que caían de la emoción y observaba como ponía el anillo en su dedo. Le parecía perfecto el detalle y como encajaba en su dedo sin mayores problemas.
— No sabes lo que agradezco haber estado sola — Comentaba ya que no había nadie que pudiera cortar con la oportunidad de estar finalmente juntos.

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