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{Nueva York. Enero, 2015}
Había sido una larga etapa para la chica. Todos los procesos de decepción que había sufrido en los últimos meses provocaban en ella que pudiera tomarlo finalmente como parte de la vida en la que tenía que aprender a cerrar etapas, aunque fuese difícil conseguirlo. La última fue mucho más dolorosa que las anteriores.
Todo el mundo sabía el deseo de ser madre y mucho más por la larga espera que le había puesto al conseguir un trabajo que hizo que cambiara su pensamiento, su vida y sus ganas de vivir. Todo lo que tenía en la actualidad era un milagro, no porque fuese imposible conseguir lo que tenía sino que jamás se hubiese visto trabajar como parte de un equipo de Inteligencia ni mucho menos rodearse con hombres que tenían una personalidad muy diferente a la de ella.
Había vuelto finalmente al trabajo de sus “grandes vacaciones”, sus turnos eran más cortos debido a que estaba a su cuidado su sobrino Douglas, quien se ofreció para cuidarlo ya que su hermana necesitaba viajar y como no, sus deseos de tener a un bebé a su cuidado aumentaban sus ganas de ser madre y Minka se quedaba tranquila de que se encontraba con la mejor persona que podría cuidar a su hijo.
Casi terminaba el turno de la noche, la chica se encontraba en su escritorio revisando lo que había estado investigando toda la tarde, las llamadas no habían cesado de sus informantes e intentaba corroborar todo lo que le iban describiendo para no arriesgarse a contárselo a su jefe, como todo su trabajo lo cuidaba como nadie. intentaba dar información que ayudara al caso y que no los retrasara más de la cuenta.
Alzó su vista al cabo de varios minutos y notó como un alto señor con traje formal se encontraba sentado en el borde de la mesa del escritorio de uno de sus compañeros. Sonrió al encontrar su mirada con la suya y se levantó de inmediato para saludarlo. Fácilmente podía reconocer a alguien con un rango mayor.
— Buenas noches, ¿Está esperando a nuestro jefe? — Preguntó estrechando su mano cordialmente y lo miró extrañada al ver como negaba con su cabeza. Puso sus manos en sus bolsillos y miró a todos los lados ya que sabía que siempre era la última en irse de su turno.
— Esperaba que pudiera hablar con usted señorita Roberts — La voz del hombre era grave, más grave de lo normal y asintió levemente la chica, obediente a las palabras del hombre. Hizo un gesto para que se sentara en uno de los asientos que le acercaba y aprovechaba de robar uno para ponerse al frente suyo, de tal manera que pudiera ser más cómoda la situación pero, intentaba olvidar lo nerviosa que se encontraba.
— Ok — Mostró una amplia sonrisa y sus manos se cruzaron, mirando fijamente al hombre. — Si es del caso en el que actualmente estamos trabajando debe saber… — Hablaba calmadamente pero se calló al escuchar que el hombre le interrumpía.
— Oh no, todos los casos son archivados y mi equipo no se hace cargo de casos ya asignados, todo eso lo sabemos — Decía abriendo sus manos a modo de explicar de mejor manera y mostrarse lo cómodo que se encontraba con la charla.
— Entonces no le entiendo, ¿A qué ha venido? — Pregunta directamente y sin rodeos. Sus expresión facial podía demostrar lo curiosa que se encontraba con lo que quería decir y lo largo que vagaba ante de decirle directamente.
— Es simple, quiero armar tu propio equipo de trabajo. Con casos escogidos por ti. Hemos visto tu desempeño y creemos que tu manejándolo, podríamos mejorar un poco el descontrol de la ciudad — Finalizó con sus palabras bien cuidadas. Se cruzó de hombros el hombre y Nicole no pudo evitar reír suavemente ante la oferta que le hacía.
— Ustedes saben la lealtad que le tengo a este lugar de trabajo, no sólo soy parte de un equipo sino que ellos me han ayudado ser la clase de persona que puede resolver casos, investigar y ser de este equipo. No podría hacer algo así — Decía con suavidad, omitiendo el hecho de los planes que aún tenía de ser madre. Comenzaría un largo tratamiento que haría que redujera horas en el trabajo.
— Esto por ahora es algo no oficial — Tosió largamente para aclarar su garganta. — Me refiero, sólo vengo de manera informal a ofrecerle el trabajo. Esperamos que pudiera aceptar una cena en la que pudiéramos darle todos los beneficios que tendría, su remuneración y todo lo que acarrearía su nuevo trabajo. Mi idea es que pueda aceptar una noche para convencerte — Dijo levantándose de la silla y acercó su mano para estrecharla otra vez, a modo de despedida. — Sólo piénselo y confírmelo durante la otra semana — Dejó de decir el hombre antes de caminar hacia la salida. Nicole no pudo contestarle ninguna palabra, su boca se encontraba entreabierta intentando asimilar todo lo que había pasado y su primer instinto fue llamar a su jefe para contarle todo lo que había pasado. Más que mal, no quería traicionarlo.
Caminó hacia su escritorio, se sentó dejando caer todo el peso en la silla y al levantar el teléfono del trabajo sintió de inmediato el sonido de que llamaban a su celular. Rápidamente lo cogió para aceptarlo sin darse cuenta de quien llamaba ya que el número no estaba registrado en sus contactos.
— ¿Alo? — Pregunta la chica con su voz suave y con su frente arrugada ante la curiosidad de saber quién llamaba a esa hora.
— ¿Nicole Roberts? Habla Lisa, la secretaria de la doctora Louis. Quería confirmar su hora para realizar el procedimiento. Finalmente ha podido encontrar una hora para que pueda hacerlo. Alguien ha cancelado y he querido llamarla de inmediato. Perdone si la he molestado — Dice una voz de alguien mucho más joven que ella. Nicole rápidamente niega la molestia y finalmente habla.
— ¿Puedo confirmarle mañana a primera hora? Tengo que hablar con mi jefe sobre la hora libre y actualmente estoy a cuidados de mi sobrino, que debería estar en casa porque la niñera me cobrara el doble por el atraso. ¿Pueden esperar? — Decía la chica mordiendo su labio ante la inquietud que comenzaba a tener. Asintió ante la respuesta favorable de la chica y le agradeció el llamado.
Colgó de inmediato cuando despedía.
Miró el teléfono que aún seguía descolgado, lo tomó y lo puso en su lugar ya sin ganas de decirle nada a su jefe. ¿Por qué habría de hacerlo? No sabía qué hacer y adelantarse a los hechos la haría quedar mal y no quería parecer egocéntrica a su gran ofrecimiento.
Ahora sólo tenía menos de 24 horas para decidir entre ambas cosas. Puso sus codos sobre la mesa y sus dedos pasaban por su cabello acariciándose de manera ansiosa mientras pensaba que hacer. Por primera vez tenía la duda de algo.
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